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EL DÍA DE MUERTOS EN MÉXICO.

VALORACIÓN, APROPIACIÓN Y CONSERVACIÓN DE UN PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD.

Mtro. Carlos A. Mercado Limones

 

En 2003, la UNESCO  declaró a la Festividad Indígena del Día de Muertos como una “Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”. Distinción que como se indica en la declaratoria se otorgó en particular a la celebración que se realiza en el ámbito indígena y rural, por ser ésta una de las expresiones más antiguas y de mayor plenitud en el ámbito cultural del país.

La proclamación de las obras maestras del patrimonio oral e intangible de la humanidad tiene por objeto premiar y reconocer la importancia de esta categoría patrimonial, así como la necesidad de salvaguardar, revitalizar , evaluar y hacer un inventario de éste, proveyéndolo de las medidas legales y administrativas para su protección; promoviendo la participación de artistas tradicionales y creadores locales para su revitalización, así como la contribución de investigadores para la identificación, catalogación, registro, valoración, rescate y conservación de éstas manifestaciones patrimoniales.

Desde mediados del siglo XIX en México se han dictado leyes y decretos con la finalidad de establecer marcos legales que protejan el patrimonio edilicio y cultural de la nación, entre 1859 y 1860 el presidente Benito Juárez como parte de las Leyes de reforma hizo una serie de proclamas a favor de la salvaguarda y protección de diversos inmuebles declarándolos como Edificios Históricos, as+i el Exconvento de San Diego Churubusco fue una de las primeras construcciones en obtener esta declaratoria por el servicio prestado en la defensa de la Nación durante la guerra contra Estados Unidos en la memorable Batalla de Churubusco el 20 de agosto de 1847, declaratoria que lo excluyó de la Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, evitando con ello que fuera fragmentado y vendido a manos de compradores particulares.

Sin embargo, estas primeras nociones de protección edilicia se hicieron con la idea de conferir a los edificios un carácter monumental aludiendo cabalmente al sentido etimológico del término, el cual remite a la idea de ser  el único recuerdo (mono, solo, único, mentum, recuerdo) que se conserva de cierto hecho o acontecimiento histórico.

 

El concepto de patrimonio cultural es posterior, mucho más reciente, no obstante que el patrimonio como conjunto de bienes que se heredan de padres a hijos esté presente el momento formativo de las sociedades. La noción de patrimonio nos remonta hasta el tiempo en que la existencia de los individuos se difumina en la de las familias y ésta en la de los pueblos, por ello, como lo menciona Rafael Tovar y de Teresa, en la idea de patrimonio subyace la noción de colectividad.

 

En la actualidad el “patrimonio” es una amplísima gama de testimonios de los valores y el trabajo de las generaciones pasadas, conformado  por los bienes individuales y sociales que han merecido y merecen conservarse; lo que las generaciones transmiten a sus descendientes no sólo son cosas, sino también ideas, conocimientos, cosmovisiones, valores, costumbres y tradiciones, amén de arquitectura, espacios urbanos, objetos de arte y documentos de otras épocas.

Como se puede ver, este acervo es el patrimonio de una sociedad, el cual es esencialmente cultural, constituido por todos aquellos elementos que siendo de una vigencia intemporal constituyen el núcleo de creencias, tradiciones e identidad de una sociedad.

El concepto de patrimonio cultural habitualmente ha sido referido a los bienes materiales, asignado un significado especial –en el caso de México_ a aquellos de tipo arqueológico e histórico (entendiendo por patrimonio arqueológico a todos “los bienes e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica en el territorio nacional,” y por patrimonio histórico, “los bienes vinculados con la historia de la nación, a partir del establecimiento d la cultura hispánica del país”)

Los bienes de carácter artístico son aquellos “bienes muebles o inmuebles que revisten valor estético relevante” y que hayan sido producidos en el siglo XX y XI inclusive, estos  últimos que incluyen obras inmuebles y contextos urbanos quedan sujetos a la subjetividad de la valoración estética que se haga de los mismos y en consecuencia de su protección.

Las experiencias conservacionistas de diversos grupos de la sociedad han ampliado el espectro patrimonial a conservar, dando cabida a las manifestaciones intangibles o inmateriales como son las lenguas, música, costumbres, expresiones populares, traiciones, prácticas artesanales, acervos intelectuales así como acervos fílmicos y fotográficos. Sin embargo, el marco legal no ha sido  lo suficientemente ágil ara extender su valoración, reconocimiento y protección a este último aspecto del cúmulo patrimonial.

La UNESCO en 1889 durante su 25° Conferencia General reunida en Paris, emite la primera recomendación sobre la importancia del patrimonio inmaterial, pero es hasta 1998 que crea la distinción internacional llamada “proclamación de las obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la comunidad”, con el fin de salvaguardar, transmitir y revitalizar el patrimonio cultural e inmaterial, elemento esencial de los tesoros culturales humanos y de la preservación de la diversidad cultural.

México en el 2003 se hizo acreedor a tres distinciones el Patrimonio Cultural de la Humanidad, la primera fue por las Misiones Franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro, la segunda por la película Los Olvidados de Luis Buñuel en la categoría de Memoria del Mundo y la tercera por “Las Fiestas Indígenas dedicadas a los muertos” en la categoría de obras maestras del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, En este año (2005) la comisión de la UNESCO encargada de analizar y dictaminar sobre el patrimonio cultural de la humanidad  está valorando la pertinencia de declarar a la Gastronomía Mexicana como un legado más.

De ser aprobada esta última, serán tres los bienes culturales intangibles o inmateriales con categoría mundial a conservar, pero hasta el día de hoy no se han creado los marcos legales ni institucionales capaces de dar certidumbre a la protección  de los mismos.

El Día de Muertos es un rito ancestral que con el transcurso de los años no ha perdido su vigencia y trascendencia social, ya que conserva rasgos muy importantes de identidad y a diferencia de otras festividades ésta se celebra tanto en el ámbito urbano como en el rural, sin embargo, en ambas localidades cada una adquiere sus propios rasgos y fisonomía. Hoy en día las Ofrendas del Día de Muertos podrían clasificarse inicialmente en dos grandes grupos:

·                                 Las que se hacen en ámbitos rurales son expresión que va más ligada a presencias ancestrales montadas casi exclusivamente dentro de las viviendas y los cementerios. Sus representaciones en torno a los muertos han dado lugar a arquitecturas y gastronomías simbólicas y rituales expresados en una infinidad de obras musicales, plásticas, objetos artesanales y muestras de arte efímero, que manifiestan gran variedad de expresiones de acuerdo a las distintas zonas del país.

 

·         Por otro lado están las manifestaciones urbanas, que han ido transformando su imagen al vincularse más con las artes plásticas, escénicas y figurativas, respondiendo con ello a expresiones políticas y sociales. Las creaciones artísticas de músicos, pintores y poetas como Chava Flores, Guadalupe Posada, Octavio Paz y José Gorostiza, por citar algunos que han impulsado este imaginario que diferencia las celebraciones citadinas. Las cuales además de colocarse en los hogares y cementerios, usan otros espacios como plaza, edificios públicos y privados, mostrando elementos y conceptos innovadores que deberán ser tratados en otra ocasión.

Ambas expresiones proceden del mismo proceso de mestizaje cultural, siendo en la actualidad, el resultado de las adecuaciones que cada una ha hecho de acuerdo con su ambiente y realidad cotidiana, sin embargo es importante señalar que a pesar de la vitalidad y plenitud con que esta festividad se realiza, la creciente especulación turística y comercialización tienden a vaciarla de su contenido espiritual, poniendo en riesgo su función social como elemento de cohesión e identidad.

Por ello en la presente ponencia se tratarán de señalar algunos de los aspectos que enriquecen el contenido de estas fiestas y que deben difundirse para hacer conciencia entre la población de los raigambre culturales que éstas tienen.

El origen del Día de Muertos es la fiesta con que el mundo mesoamericano celebraba y señalaba el cambio estacional. Al final de la estación de lluvias se agradecía y retribuía a los dioses por el abastecimiento de agua y las cosechas recogidas. En esta fiesta se depositaban ofrendas a los dioses de la lluvia, la tierra, del maíz, y demás productos agrícolas por los sustentos recibidos. Así mismo se hacía un ritual propiciatorio para que los dioses del inframundo, ante el inminente inicio de la estación de secas emprendieran el reaprovisionamiento de las esencias vitales de la tierra a través de la aparente “muerte” de la naturaleza.

Este ritual propiciatorio permitía que los muertos que iban rumbo al Mictlán se pudieran reencontrar espiritualmente con sus deudos. Como es de suponerse este acontecimiento se vestía con una amplísima gama de símbolos que además de darle colorido, la impregnaban de una gran espiritualidad. En términos generales estos conceptos han desaparecido de la conciencia social, por ello es importante recapacitar sobre los signos, símbolos y significados que éstos tienen para revitalizar la espiritualidad de la fiesta.

Hay que señalar que en el mundo mesoamericano no existía el cementerio como se le concibe en la actualidad, lo habitual era que las personas fueran enterradas en el mismo terreno de su casa, a veces dentro de alguna de las habitaciones, o en los patios, o en los espacios exteriores que bordeaban a la misma, por lo que únicamente se hacía una ofrenda y ésta se instalaba como altares interiores en las viviendas. Fue a partir del siglo XVI con la imposición cristiana de enterrar a los muertos en Campo Santo _ubicados para esta etapa en los atrios de los conventos- que la ofrenda tuvo que dividirse en dos espacios, por un lado se conservo la ofrenda dentro de los hogares con la cual fundamentalmente se hacía el agradecimiento y retribución a los dioses y por otro la ofrenda sobre la tumba dirigida especialmente a la persona ahí enterrada, con el tiempo fue surgiendo la idea de marcar un sendero de pétalos de tzempoalxóchitl para señalar el camino de la tumba a la vivienda a la cual pertenecía el difunto ya que hogar y tumba habían dejado de ser espacios coincidentes.

En un mundo tan ordenado como lo fue el mesoamericano, era fundamental disponer las cosas de acuerdo con el género y la cardinalidad que éstas tenían para garantizar el armónico equilibrio y funcionamiento del mismo, por ello en la ofrenda destinada a agradecer a los dioses los beneficios recibidos durante la estación de lluvias, había que colocar los cuatro productos básicos obtenidos en la milpa: chile y fríjol como productos masculinos referidos con los cardinales oriente y poniente respectivamente; y la calabaza y maíz como productos femeninos correspondientes a los cardinales norte y sur. Asimismo debían colocarse los productos propios de la región donde la ofrenda se efectuaba, colocando papayas, fresas, chocolate, vainilla, miel, chayotes, aguacates, chirimoyas, zapotes, jícamas, capulines, tejocotes, tunas, nopales, tomates, jitomates, camotes, papas, tabaco, aguamiel y pulque, en fin, todo aquello que se cultivaba y se producía en las múltiples regiones mesoamericanas.

Del mismo modo era imprescindible colocar en ella, símbolos y figurillas recortadas de papel amate con representaciones de los dioses de la tierra, de la lluvia y el agua, de la agricultura, y desde luego, del Mictlán, porque en el proceso de descarnamiento del cuerpo para la liberación del tonalli (alma), el muerto, al recorrer el largo camino que lo llevará al Mictlán deberá perder toda su corporeidad devolviendo con ello a la tierra, las esencias y sustancias que le permitieron la vida y que permitirían la regeneración de la misma, en el ciclo de vida-muerte-vida a través de la tierra como madre generosa.

De estas figurillas de papel ahora se desprende la costumbre de hacer banderolas y manteles con “papel de China picado”, donde ya no se representan a los dioses, sino escenas de muertos celebrando su estancia en un Mictlán imaginario, otro elemento indispensable d la ofrenda retributiva era la ornamentación con flores blancas, rojas amarillas y moradas, así como ofrecer copar –resina fragante que se usa a manera de incienso-  todo ello con la finalidad de deleitar la vista y el olfato de los dioses e inclusive se agregaban espinas de maguey ensangrentado como señal de autosacrificio.

En la ofrenda de convivencia debía colocarse flores de tzempoalxochitl, candelas, agua y sal, también se colocaban los guisos preferidos del difunto para que metafísicamente se alimentara con las cosas que había gustado durante su estancia en la vida. Asimismo se ornamentaba con figurillas hechas con una mezcla de semillas de amaranto con miel y con masa de maíz, de esa costumbre en la actualidad se deriva la colocación de los llamados panes de muerto.

Hoy en día, el altar de muertos al interior de las viviendas aún conjunta la ofrenda de agradecimiento retributivo y la de convivencia con los familiares y amigos muertos, aunque ahora ésta última se ha impuesto sobre la primera, y no obstante que por tradición se continúe depositando algunos productos agrícolas como calabaza, maíz, chile y otros frutos, velas y copal, su colocación no implica necesariamente una retribución a la divinidad, es decir, la gente ya no considera a las temporadas de lluvias y secas como las verdaderas estaciones anuales, por lo tanto, esta ceremonia ha perdido su carácter de cambio estacional. El día de muertos se ha convertido en un festejo conmemorativo que aún conserva una gran carga emotiva, espiritual, de convivencia con los parientes fallecidos, heredada de la tradición mesoamericana, pero matizada por concepciones cristianas y occidentales hacia la muerte, es decir, en este ritual se entremezclan costumbres y conceptos católicos e indígenas. La ofrenda se coloca en la creencia de que los muertos esa noche regresarán a sus casas a compartir con los vivos los alimentos y bebidas que han instalado en su honor, sin embargo la connotación de la ofrenda se acompaña de rezos y cantos sacros en clara alusión a las honras fúnebres católicas, denotando así el mestizaje cultural que caracteriza a todas estas expresiones culturales en México,

Históricamente, la ofrenda del cementerio es relativamente reciente-con una antigüedad aproximada de 450 años- como se ha mencionado esto no acontecía en el mundo prehispánico porque en este el cementerio en sí no existía, de este modo lo que hoy se realiza sobre los sepulcros, es una adaptación mestiza de lo que fueron las primeras ofrendas mesoamericanas.

En los asentamientos rurales sobre todo en aquellos donde la población es mayoritariamente indígena, los cementerios aún se ubican a las afueras de los mismos y éstos son simplemente terrenos delimitados por un muro o tapia de baja altura, donde los entierros se distinguen por ser sencillos montículos de tierra o de piedras amontonadas, las lápidas y las tumbas de piedra labrada son una aportación de finales del siglo XIX y sobre todo del siglo XX, y estas se colocan en los entierros de gente más vinculada contradicciones urbanas que con las costumbres locales, durante la mayor parte del año los cementerios son poco visitados, por ello las tumbas se cubren de matorrales y breña silvestre la cual es retirada unos días antes de día de muertos para preparar el escenario de tan singular fiesta anual, una vez que el cementerio ha sido limpiado, inicia la preparación de los adornos e implementos que se requerirán para las dos noches que dura la celebración.

La noche de “Todos los Santos” – que es la noche entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre – se convive con los niños fallecidos, esta noche se la conoce como la fiesta menor, los adultos y ancianos son recordados en la noche de los “Fieles Difuntos” que es la noche entre el primero y el 2 de Noviembre – y por consiguiente a esta noche se le concoce3 como la “fiesta mayor”, ese día al anochecer la gente se dirige al cementerio llevando canastas con alimentos, bebidas, muchas velas, grandes ramos de flores, y cargan complejas estructuras hechas con carrizos o varas de madera profusamente adornadas con flores de cempoalxochitl, y que son colocadas alrededor de la tumba para iniciar la noche de vigilia donde se entremezclan rezos, cantos y bailes en ocasiones, así como narraciones de anécdotas vividas con y por los difuntos, se come y se bebe con ellos, y con los vecinos estrechando vínculos de cohesión e identidad social.

En el sentido más tradicional las ofrendas de agradecimiento y las de convivencia con los muertos deben instalarse durante el año de fallecimiento y los seis posteriores (siete en total), después de ese tiempo la ofrenda ya no es necesaria porque se cree que los muertos han recorrido los siete niveles del submundo y finalmente llegado al Mictlán, ahí las almas ya liberadas de sus cuerpos concluyen su camino, aunque en la actualidad ese cómputo ha perdido vigencia y la gente conmemora y ofrenda a sus muertos con mayor permanencia.

Ante ojos extranjeros esta ceremonia puede resultar macabra, ya que la idea de convivencia entre vivos y difuntos es inconcebible en el marco referencial del cristianismo y la cultura occidental, donde lo admisible es creer que los buenos cristianos resucitarán el día del juicio final y mientras esos sucede los muertos deben quedarse donde están. La colocación de ornamentos manufacturados con barro, madera o papel representando esqueletos en actitudes festivas, -como si la muerte no fuera lamentable o dolorosa- así como las calaveras hechas de semillas de amaranto y miel, pasta de azúcar o chocolate y panes que representan cadáveres u osamentas y que éstos sean comidos por la gente durante los festejos les impacta y sobrecoge ya que suponen que ello implica actitudes que algunos califican de teologales, escatológicas e incluso demoníacas, sin embargo, el colorido, la luminosidad, la solemnidad y riqueza ritual con que la fiesta se realiza ejerce una fascinación que la convierte en una de las celebraciones más hermosas de México.

Asimismo es importante señalar que el Día de Muertos tiene su contraparte, esta es el Día de la Santa Cruz.

La cultura mesoamericana y aún el México de hoy al final de la estación de secas, cuarenta y cinco días después del equinoccio de primavera, en la veintena del calendario mesoamericano llamada Toxcatl, que en su equivalencia con el calendario gregoriano es en los primeros días de mayo. En cientos de poblaciones rurales sobretodo en las cimas de cerros (por se éstos los contenedores del agua) se levantan enormes cruces octogonales -. Que representan al numen masculino so- vida- decoradas con flores, frutas y listones de colores para ofrendar y agradecer a la divinidad de la tierra el reabastecimiento de la materia vital para regenerar la vida a través de las sustancias que aporta la muerte. En este día también se pide a por una estación de aguas  benéfica y propicia para lograr cosechas abundantes. Por ello se hacen también danzas, ágapes y otros ritos de profunda significación y colorido.

En las ciudades la fiesta del 3 de mayo es conocida como la Fiesta de los Albañiles, no obstante en esta fiesta una cruz hecha con maderos de la obra y profusamente adornada con flores, temprano en la mañana es llevada a bendecir a la iglesia más cercana, para después ser colocada en un lugar alto de la construcción, acto seguido de un banquete con música y baile;  en este punto se antoja preguntar que relación existe entre un ceremonia propiciatoria par un buen ciclo de lluvias en el medio rural y un rito a veces extravagante en ámbitos urbanos,  en el México antiguo , la ceremonia que señalaba el inicio de la estación de lluvias se llevaba a efecto tanto en los grandes centros de población, como en las zonas agrícolas, por ello no debe ser extraño que en las ciudades esta fiesta también sea importante, sin embargo, es el gremio de la albañilería el que ha preservado este ritual, ya que suele suceder que el labriego que emigra a la ciudad, entre los escasos empleos que puede encontrar está el de la industria de la construcción. Empero, la celebración de la Santa Cruz entre los albañiles, denota la solicitud a la divinidad de que la temporada de lluvias no trastorne y perjudique el trabajo que desempeñan, es decir, los albañiles también celebran un rito propiciatorio de lluvias, pidiendo que éstas se presenten, pero no que interfieran nocivamente con su labor. Profundizar en esta celebración requiere hacerse en otro momento.

La pervivencia de tradiciones culturales como la fiesta de la Santa Cruz y el Día de Muertos demuestra que éstas deben ser conservadas. La protección del patrimonio inmaterial que por lo mismo es un bien vivo, requiere de la amplia participación de los diferentes agentes que intervienen en su valoración, reproducción, recreación e innovación, manteniendo y difundiendo las esencias espirituales que los originaron y les dan sentido, y fomentando la capacidad de adaptación a los usos y modas que impone el cambio de los tiempos, evitando con ello que el patrimonio inmaterial sufra una momificación que en vez de conservarlo lo condene al olvido.

A este respecto una de las medidas importantes y urgentes que se deben tomar es dar la declaratoria de patrimonio histórico a los cementerios indígenas y rurales donde se desarrolla la Fiesta de Muertos ya que estos son los escenarios de la misma y por sus características físicas de acuerdo con la legislación actual no serían objeto de tal designación, así como dar el respaldo a los artesanos productores de los objetos que se colocan en las ofrendas y los altares de esta celebración.

En México hasta el día de hoy, muchas de las diversas manifestaciones del patrimonio intangible se desarrollan libre y sanamente, sin embargo hay otras que requieren de protección, cuidado y apoyo como son las lenguas y las indumentarias autóctonas así como muchas tradiciones artesanales y productivas que se están perdiendo por falta de acceso a difusión y mercado. Por otro lado están algunas de las fiestas más significativas e importantes que se ven amenazadas por el efecto contrario, al ser objeto de una excesiva comercialización que desvirtúa y tergiversa su espiritualidad y esencia. Los diversos carnavales, tradiciones de Semana Santa, Fiestas Patronales y Fiestas de Muertos por señalar algunas, que cada vez se ven más en las manos de la voracidad de los comerciantes y menos en la de sus protagonistas y depositarios.

Establecer un marco jurídico y legislativo que contemple al Patrimonio Cultural de la Nación como una entidad integral que abarque todas las manifestaciones inmateriales así como todo eras, períodos y momentos históricos en que se han producido estos es una prioridad que no se puede posponer más.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes es la  institución que alberga a las dos dependencias que tienen en sus funciones catalogar, proteger y conservar el patrimonio Paleontológico, Arqueológico, Histórico y Artístico es decir el  patrimonio material de la nación, por ello CONACULTA debe ser la institución que permita la creación de un organismo nuevo que tomando en consideración a los otros valor, catalogue, proteja y conserve no solo al patrimonio inmaterial sino a todo el Patrimonio Cultural Nacional desarrollando un organismo institucional que cuente con los cuerpos profesionales y recursos materiales necesarios y pueda desarrollar las estrategias que vinculen y articulen a los diferentes agentes y dependencias para que efectivamente logren su conservación y protección.

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byเขียน:
esta chido
28 ต.ค.

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